Cláusulas suelo y otros abusos bancarios

Paco Zapater
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Shylock, usurero judío, prestó 3.000 ducados a Antonio, con una singular condición: si no los devolvía en el plazo pactado, le sacaría una onza de carne de la parte más próxima al corazón. Antonio no pudo devolver el dinero y el prestamista, inflexible, le exigió el cumplimiento ante el juez. Una onza de carne sí -dictaminó el juez-pero si Shylock derrama una sola gota de sangre, confiscaré sus bienes.

Esta sinopsis de El mercader de Venecia, refleja muy bien la evolución de las ejecuciones hipotecarias en España. Durante muchos años, el proceso de ejecución de una hipoteca fue comparable a un combate de boxeo en el que uno de los contendientes –el deudor- tenía las manos atadas y sólo podía esquivar algunos golpes del contrario –la entidad bancaria-, pero al final inexorablemente acababa noqueado.

Esa constante comenzó a cambiar en 2013, cuando una sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), emulando al juez de Shakespeare, antepuso la justicia al abuso de derecho y declaró nulas, por abusivas, varias cláusulas de nuestras hipotecas para la compra de vivienda. Desde entonces se han ido sucediendo nuevas sentencias (del TJUE y de tribunales de nuestro país) ampliando de forma considerable el abanico de cláusulas abusivas.

Veamos algunas:

Se entiende por cláusula suelo el interés mínimo que se aplica a un préstamo hipotecario, aunque los tipos de interés puedan bajar de ese mínimo. Esta cláusula ha sido declarada nula. Y en tanto que nula, es como si nunca hubiera existido, razón por la cual el cliente puede reclamar al banco la devolución de lo pagado por este concepto desde que firmó la hipoteca.

Los gastos de formalización de hipoteca se han cargado tradicionalmente al hipotecado. Entre ellos los de notario, inscripción en el registro de la propiedad, tasación de la vivienda, gestoría e Impuesto de Actos Jurídicos Documentados. El juez ha declarado nula esta cláusula. Argumento: si esas formalidades benefician en exclusiva a la entidad bancaria, es ilógico que el usuario pague los gastos que generan. Por tanto, puede reclamarse su devolución, tanto si la hipoteca está en vigor como si ha finalizado.

Otro clásico del abuso -seguramente el más grave- ha sido el vencimiento anticipado de la hipoteca si el deudor dejaba de pagar una o varias mensualidades. Con solo unas cuotas por pagar, la entidad bancaria podía dar por vencida la hipoteca y reclamar todo el préstamo pendiente. Este ha sido el ariete más utilizado por la banca para echar de sus casas a centenares de miles de deudores. La cláusula fue declarada abusiva, por desproporcionada, el mes pasado, y a partir de ahora el banco solo puede reclamar las cuotas vencidas, no las por vencer.

Puede ser también abusiva la venta de la deuda hipotecaria sin avisar al deudor. Es el caso, por ejemplo, de venta masiva a fondos buitre de hipotecas fallidas o de dudoso cobro por un precio muy inferior al capital pendiente, en ocasiones con una rebaja de un 70%. En estos casos, si la venta no se ha comunicado al deudor, puede éste tener derecho de retracto, o sea, a comprar su deuda por el mismo precio que paga el fondo buitre, lo que puede representar un ahorro increíble.

Pero el ramillete de cláusulas abusivas no se agota con las descritas. Hay más: fijar intereses de demora abusivos; redondeo al alza del tipo de interés pactado; renuncia del deudor a la cancelación parcial de la hipoteca; comisiones por descubierto; exigir el consentimiento del banco para la subrogación de un tercero en la deuda; o sumisión, en caso de litigio, a un fuero judicial a conveniencia del banco.

El giro copernicano de las hipotecas ha dejado un escenario de vértigo, sobre todo para los bancos, pues compromete seriamente futuras ejecuciones hipotecarias. Y no solo eso: varios millones de ciudadanos puede tener derecho a reclamar como víctima de alguna de las cláusulas abusivas mencionadas.

De los nubarrones que se vislumbran en el horizonte de los bancos, hay uno de especial calado: si centenares de miles de personas perdieron sus casas en un combate (juicio) con las manos atadas (reglas abusivas luego declaradas nulas), ¿será posible repetirlo para poder defenderse con igualdad de armas? Yo creo que no es descabellado. Y esa será sin duda la madre de todas las batallas, con premio importante en caso de victoria: la recuperación de las casas perdidas. La última decisión, nuevamente, la tiene Luxemburgo, sede del TJUE.

Y es que la banca ha sido en nuestro país lo que Shylock en El mercader de Venecia, pese a su contribución a un parque de viviendas mayoritariamente en propiedad. Y el panorama que ha quedado es desolador: una legión de Antonios sin casa, y un océano de casas sin Antonios. Otros muchos de ellos timados con las preferentes. Y, para acabarlo de adobar, el Estado –o sea, todos los Antonios- gastando decenas de miles de millones de euros en rescatar a Shylock, cuando lo acertado, visto lo visto, habría sido destinarlos a evitar el naufragio de muchos ciudadanos.

Si Shakespeare volviera a escribir su obra, quizás elegiría la vieja piel de toro y no Venecia para situar su acción.

 

 

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