Franch vigiló durante más de un mes los movimientos de Gallart, afirma el responsable de Desaparecidos de los Mossos

Según el sargento Pere Sánchez, el seguimiento del móvil del acusado no deja dudas de que la mató y que probablemente se deshizo de su cuerpo en la localidad de Tolba, en Huesca.

El magistrado Javier Hernández preside el Tribunal donde se juzga a Ramon Franch con jurado popular.

Los Mossos d’Esquadra tienen pocas dudas sobre el caso de la desaparición de Carmen Gallart. Quizás el más importante y crucial para cerrar la carpeta del caso sería saber dónde está el cadáver de la vecina de Els Pallaressos. La clave de toda la investigación, o prácticamente toda, ha sido el seguimiento de su teléfono móvil, e incluso el de la propia víctima. Hoy, el responsable de la unidad de desaparecidos de la policía catalana ha relatado en la Audiencia Provincial de Tarragona, uno a uno, los pasos de Ramon Franch, no sólo el día de autos, el 18 de junio de 2015, sino también las semanas anteriores y los días posteriores. Así, ha declarado que el análisis de la señal del móvil del agente inmobiliario le sitúan en una decena de ocasiones en el lugar donde la víctima tomaba el autobús, a las once de la mañana, desde el 7 de mayo, cuarenta días antes de la desaparición. Ese seguimiento hace suponer a los investigadores que Franch hizo una vigilancia de la víctima días antes de acabar con su vida, probablemente para conocer sus movimientos. Existía un hecho singular: que él desactivaba el servicio de datos de su teléfono. Quizás en la creencia de que se le podría localizar tan sólo por esa señal de internet. No era así, ya que los investigadores forenses utilizan también la triangulación de antenas para conocer la ubicación.

Esa misma técnica de geoposicionamiento sirvió para saber que el móvil de Carmen Gallart fue encendido en el interior de un aparcamiento de Tarragona, en la Baixada del Toro, tres horas después de su desaparición. En ese lugar, las dos triangulaciones coinciden, la de la víctima y presunto asesino, lo que determina que presuntamente estaban juntos. Se desconoce si en ese momento la mujer ya se encontraba con vida.

Según el relato del sargento Pérez Sánchez, dos días volvió de nuevo al parking, donde permaneció durante más de una hora. A bordo de un vehículo Hyundai Athos emprendió viaje hacia Huesca. El vehículo era propiedad de una amiga, quien se lo había prestado a petición de él, y el destino era la localidad de Tolba. Había visitado el pueblo el 31 de mayo, 19 días antes del presunto asesinato. Para los investigadores, Franch ya llevaba en el maletero el cuerpo de la mujer y se cree que en ese término municipal puede encontrarse el cadáver. Pero, por más que la Guardia Civil oscense ha rastreado la zona con perros especializados, tecnología de detección y un buen número de agentes, la búsqueda ha resultado infructuosa. El relato del sargento de Mossos era recibido con protestas del procesado, hasta el punto que el presidente de la Audiencia Provincial, Javier Hernández, ha tenido que llamarle al orden para que cesara en sus gesticulaciones.

En la sesión de ayer también declaró Pilar V., la amiga que prestó el coche al procesado. Ella reveló que Franch le pidió el vehículo para utilizarlo durante una semana, alegando que quería vigilar a su mujer sin que le detectara intuyendo una infidelidad. A cambio le entregó 1.000 euros. Le devolvió el vehículo un mes después, tras llevar a cabo una minuciosa limpieza de tapizado y exterior. Pero se olvidó de un detalle: una mancha de sangre que pudo ser analizada una vez los Mossos tuvieron acceso al vehículo.

Ramon Franch pidió desde prisión a su amiga que declarase que había estado con Gallart y que se había golpeado en la cabeza al abrir el maletero, para justificar los restos de sangre.

 

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