Arquitectura y delito

Todo delito está relacionado con las circunstancias que rodean al individuo. El entorno es uno de esos factores que influyen en él. Está claro que vivir en un ámbito amable facilita una convivencia sin incidencias. Pero las cosas se complican cuando lo que rodea al individuo es un entorno difícil.

Hace años visité la cárcel de Tarragona como voluntaria de Cruz Roja. Participaba en actividades con los presos, como proyectar películas o pintar murales. Aquella experiencia cambió mi manera de pensar. Antes de entrar en ese mundo pensaba que “los malos” serían diferentes a los ciudadanos que veía pasear por las calles de Tarragona. Pero no es así. Ellos caminan por las mismas calles que lo hacemos nosotros. Simplemente, han sido presa de la vida. Han tenido pocas oportunidades. Han crecido en un entorno complicado y sus decisiones no han sido las más acertadas, algo que podríamos resumir en una expresión más coloquial: “tuvieron mala cabeza”. Y es que en sus vidas las cosas se complicaron.

La Arquitectura define los espacios, el entorno que rodea al individuo. Los arquitectos contribuimos, en el mejor de los casos, a idear y construir ese espacio que envuelve al ciudadano. Como creadores de ese espacio cercano al ser humano tenemos una responsabilidad social, política y técnica. Creo que nuestra arquitectura debe ser ante todo humana y ha de mejorar la vida de las gentes. Alejandro Aravena, premio Pritzker de Arquitectura 2016, afirma que “El desafío de la arquitectura es salir de la especificad del problema a la inespecifidad de la pregunta”. Es decir, que el arquitecto debería dar respuestas a lo que interesa a la sociedad. Y es que, en ocasiones, pecamos de idealistas, por cierto, algo inherente a la condición humana.
Me gustaría, tras esta introducción, hablar de Camp Clar, uno de los barrios de Tarragona en el que se pueden identificar algunos de los problemas y circunstancias que expuse anteriormente.

El Pla Integral de Camp Clar tuvo una duración de siete años –desde 2005 hasta 2012- y concluyó con la construcción de un edificio que pretendía ser emblemático: el que se bautizó como Espais de Trobada. No tengo claro si ese era el equipamiento que hubiesen elegido los vecinos de haber podido decidir. Tampoco sé si ellos querían ese entorno para vivir. Personalmente, estoy de acuerdo en que fomentar la vida cultural del barrio ayuda a fortalecer el tejido social. No existe la misma realidad en un barrio periférico que en el centro de la ciudad.

Tendríamos que responder a preguntas como: ¿Quién va a usar ese espacio? ¿Cuáles son sus circunstancias? ¿Qué podemos hacer para mejorar su realidad? ¿Qué es mejor, pensar en un edificio emblemático –fruto de un momento político- o una pista de skate para los jóvenes el barrio? Hay que reinventar los espacios públicos de la periferia. Creo firmemente que mejorar su bienestar pasa por entender cuál es su realidad, en qué se basa su cultura, también su ocio. De qué manera podemos contribuir para fomentar las buenas costumbres, que las hay. No podemos dejar que los espacios públicos se conviertan en espacios con carácter residual. Esos espacios deben estar relacionados con la forma de vida de sus habitantes y han de ayudar a mejorarla.

El Plan Integral de Camp Clar tenía algo de atípico, ya que la intervención social tenía peso específico. De él salió un Plan que dotaba de policía para combatir el absentismo escolar, el estilo Rudy Giuliani y la “tolerancia cero”. También se centraba en que hubieran más programas de atención familiar, de promoción del deporte y de búsqueda de empleo.

Construcción edifici Espais de trobada: 2.881.281,89 €
Millores urbanístiques. 2.184.544,06 €
Acció social, 3.048.802,85 €
Millora de la mobilitat. 6.877.514,84 €

La tolerancia cero es un enfoque de política de seguridad ciudadana puesta en práctica en Nueva York. Está basada en castigar cualquier infracción reduciendo al máximo el tiempo entre el delito y la respuesta judicial. La tolerancia al delito es cero, por lo que no se tienen en cuenta circunstancias atenuantes a la hora de castigar esos delitos. Se ideó siguiendo la “teoría de las ventanas rotas” que los universitarios James Silson y Georges Kelling publicaron en marzo de 1982 en The Atlantic Monthly, en un artículo que define cuáles son sus principios: “Consideren un edificio con unas pocas ventanas rotas. Si las ventanas no se reparan, los vándalos tenderán a romper unas cuantas ventanas más. Finalmente, quizás hasta irrumpan en el edificio, y si está abandonado, es posible que sea ocupado por ellos o que enciendan fuegos dentro.”

Lo que dice la teoría de las ventanas rotas es que, si en un edificio aparece una ventana rota, y no se arregla pronto, inmediatamente el resto de ventanas acaban siendo rotas porque se está transmitiendo un mensaje de abandono. Ello es extrapolable a otros elementos, como una pared con una pintada, una pieza de mobiliario urbano destrozado o un solar abandonado. Y es que solares con aspecto desolado hay alguno en Camp Clar.

No dudo de la labor que se llevó a cabo del 2007 al 2012 con el Pla Integral de Camp Clar, pero creo que los esfuerzos en el terreno social debieron ir necesariamente acompañados de los arquitectónicos y urbanísticos. Sigue siendo necesario mantener y dignificar el parque de viviendas, sus espacios exteriores y sus plantas bajas, evitar en lo posible las ventanas rotas. Una plaza degradada o un solar abandonado son caldos de cultivo para el vandalismo y la delincuencia. Ya no hablemos de los pisos vacíos. Debe hacerse un esfuerzo para que los barrios de Ponent no tengan ventanas rotas, como también es necesario seguir ayudando a consolidar el tejido social y la economía de barrio.

Al hablar de Camp Clar es inevitable hacerlo de la Anella dels Jocs del Mediterrani, en plena construcción. Si las ventanas rotas transmiten abandono y dan pie al vandalismo y la delincuencia, un equipamiento de esta envergadura puede ayudar a reforzar la idea de pertenencia al barrio de los vecinos. Porque es un equipamiento que tiene vocación de ser emblemático para la ciudad de Tarragona, al menos durante la celebración de los Juegos. Y es que ya se sabe, los equipamientos deportivos son los santuarios del siglo XXI.

Por otro lado, toda la inversión que se hizo en movilidad con el Pla integral cobra sentido, ya que era el capítulo más cuantioso al tratarse de una infraestructura como lo es la propia Anella Mediterrània. Tiene por lo tanto un alcance a nivel de municipio, pero habrá que ver cómo convivirá la actividad deportiva con el barrio durante y después de los Juegos. Pero ese ya es otro tema. Mientras haya precariedad laboral en el barrio o graves problemas sociales, de poco servirán los grandes santuarios. Sirve tener un proyecto de vida, una familia, salud, un techo en el que vivir y amigos. La acumulación de problemas lleva a lo que decía al principio: que un entorno difícil hace que las cosas se compliquen.

CRISTINA SÁEZ DE JUAN
ARQUITECTA
TARRAGONA

Port de Tarragona