Jaume Solsona esquiva con habilidad al fiscal y se reafirma en que dejó a Sara en l’Espluga

HA RESPONDIDO CON PRECISIÓN TRES HORAS DE INTERROGATORIO Y HA QUERIDO REMARCAR SUS DEFICIENCIAS PSÍQUICAS Y ADICCIONES.

M. Peñalver / Tarragona.-

No había manera. Tres horas ha estado el fiscal Álvaro Mangas dando vueltas a lo que ocurrió aquel fatídico día del 24 de octubre de 2014 mientras Jaume Solsona, el acusado de asesinato, devolvía las pelotas  una a una. Y con una precisión que llegaba a extremos que podían calificarse de exagerados. Cualquier pregunta de la acusación pública era precisada con horas, ubicaciones, detalles que -a quien asistía al juicio- le hacían tambalearse lo de su estado mental que alega la defensa. Precisamente su abogado, el letrado Antonio Mendia, sorprendía a todos cuando le tocaba su turno, después de las tres horas del fiscal, y reducía su intervención a dos preguntas simples. Un minuto. Luego vino lo de «no hay más preguntas, señoría». Aquella intervención «relampagueante» escondía algo que los presentes no averiguaban, salvo que Jaume lo extendido haciendo muy bien y … ¿para qué liarla? Solsona, de 30 años, fue relatando uno a uno todos sus problemas de drogas, de alcohol, de depresión, etc. incluso explicó que los medicamentos habían afectado su capacidad sexual, por lo que no pudo hacer el amor con Sara esa noche en el camino que tomó para evitar pasar por delante de los Mossos, que -según ha dicho- acostumbraban a estar en una gasolinera entre Montblanc y L’Espluga de Francolí. Por lo tanto, alejaba las sospechas de que fuera él quien había dejado un envoltorio de preservativo que encontraron junto a la chica.

Explicó lo que hizo ese día, el 24 de octubre, desde que estaba con su madre en un mercado, hasta todos los bares que visitó en Montblanc, Pira y l’Espluga. Su memoria llegaba a extremos inverosímiles cuando explicaba lo que había tomado a cada uno de los lugares que visitaba. También con quien se cruzó, con quien habló e incluso las marcas de encendedores que usaba. Era un tema delicado, ya que precisamente los restos del encendedor que se ha encontrado al lado de la víctima eran de la misma marca que los que tenía en casa. Nada extraño, decía, porque son los que regalan los estancos del pueblo si compras un cartón de tabaco.

La acusación particular, representada por el letrado Enrique Cancedo y que defiende los intereses del hermano de la víctima (familia Lozano) ha recibido en varias ocasiones amonestaciones de la presidenta de la Sala. La magistrada consideraba que el abogado quería conducir en Solsona a responder lo que él quería y más que preguntar intentaba conducir las respuestas. Pero la máxima autoridad de la vista «ha dado cuenta» de inmediato de la presunta estrategia del letrado, que afirma que el asesinato de Sara provocó también la muerte de su padre posteriormente por problemas de corazón. Algunas de sus preguntas ya las había contestado al fiscal previamente, lo que ha motivado la protesta del acusado y también de la magistrada.

Jaume Solsona ha hecho un repaso a su vida de consumo de drogas y alcohol y, con firmeza, lamentó todo lo que su familia ha tenido que pasar por su culpa. Ha mostrado su disconformidad con la forma en que se había hecho el registro de su domicilio, el hecho de que no le hubieran dado medicación cuando estaba en prisión (salió el pasado mes de julio tras pagar una fianza de 30.000 euros). Él se reafirma que la chica se marchó repentinamente: «me envió a hacer puñetas uando estábamos en  l’Espluga. Yo no la podía retener …». Después, declaraba, pasó por casa para ver si había luz (que hubiera entrado a dormir), pero al ver que no estaban despiertos dirigió a una ermita, donde pasó la noche, hasta que a las nueve de la mañana volvió a su domicilio. Hoy tanto fiscal, como acusación particular y defensa emitirán sus informes. Se piden 20 años de prisión para el montblanquí, que ha parecido en todo momento dispuesto a colaborar con la investigación del caso, algo que su defensa utiliza como atenuante, e intenta que su estado psíquico (demostrado médicamente) y su embriaguez amortigüe una posible condena, aunque él considera que debería ser una absolución.

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