‘Delirium Agitado’: Cuando la intervención policial debe tener precisión de cirujano

Las actuaciones de las fuerzas de seguridad para frenar las alteraciones del orden de personas que se encuentran bajo los efectos de las drogas se suceden cada vez con más frecuencia. En los últimos años, estas intervenciones han derivado en la muerte súbita del sujeto, que presentaba una gran agitación mental y física. Lo vimos en el caso Roquetas, en 2005, en Almería, con el resultado de la condena de tres guardias civiles. Fueron absueltos ese año cuatro policías locales de Marbella, que estaban acusados de homicidio imprudente en otro caso. La absolución sólo fue judicial, ya que social, laboral o personalmente no sabemos cómo acabó.

Más reciente en el tiempo es el caso Benítez, que recordarán con más facilidad, y que tuvo como escenario el barrio del Raval de Barcelona. El pasado año, el proceso judicial contra seis mossos d’esquadra terminó con una condena de conformidad a dos años de prisión, por homicidio imprudente, y otros dos policías por obstrucción a la justicia.

Todos estos casos se originaron en actuaciones de individuos que presentaba un síndrome conocido como Delirium Agitado. Esta afectación provoca un gran desorden mental, dota de una fuerza sobrehumana al sujeto y genera una agresividad sin dirección concreta. Actuar en esas condiciones, frente a alguien que presenta una resistencia espartana, es labor complicada que hay que medir al milímetro. Este síndrome también es denominado como psicosis cocaínica, o delirium inducido por drogas, que ya es considerada “prueba de cargo” sobre el origen de tanta agitación.

Al peligroso factor de riesgo que es la ingesta de cocaína, aliñada con alcohol, se le añade la ensalada bioquímica que el cuerpo genera en situaciones de estrés, como son el cortisol, la adrenalina, la dopamina y otras sustancias también difíciles de pronunciar. Ese síndrome convierte a estos “honrados ciudadanos”, en percherones desbocados, que representan un peligro para todo el que les rodea, incluida su propia integridad. A tenor de la estadística policial, parece que el consumo de alcohol y cocaína está a la orden del día, por lo que mucho me temo que este síndrome tendrá garantizada su presencia en el futuro.

El uso de la fuerza por parte de los agentes del orden a la hora de enfrentarse a una contención de un sujeto afectado por ese síndrome es complicada, ya que la reducción puede incrementar la probabilidad de una muerte súbita. Es una realidad científica. Establecer cuál es el mecanismo de muerte ya presenta más dificultades y es objeto de estudio actualmente en el ámbito de la medicina legal y forense.

Bien. Ahora vamos a lo práctico: a contribuir a la formación sobre cómo afrontar un caso así. Analicemos previamente el perfil de estos ciudadanos alterados, a los que usted y yo pagaremos alguna vez un tratamiento en la sanidad pública. Son varones jóvenes, de gran corpulencia y, un detalle importante, presentaban una cierta obesidad. Ya sabemos que el colesterol no es bueno en ninguna circunstancia. Y son, como ya hemos dicho, consumidores habituales de drogas de abuso, principalmente la cocaína, a la que aderezan con alcohol y pastillas de todos los colores, de las que no se venden en farmacias.

Ir de “farlopa” hasta el hígado provoca en ellos otras alteraciones además de las explicadas anteriormente, como son la hipertermia, que provoca algo que llama la atención: se desprenden de la ropa y el calzado y buscan remojarse para bajar la temperatura corporal. Presentan una resistencia que les hace no cansarse nunca, a pesar de esa gran agitación motora y a todo ese cúmulo de afectaciones se une una singular: se vuelven insensibles a la contención física. Esa ineficacia de la capacidad para percibir la fuerza en una reducción hace que sea casi de obligada utilización un moderno y eficaz dispositivo electrónico utilizado por la mayoría de policías de los países desarrollados: la pistola Taser. No obstante, incluso para utilizar este “gran invento” inmovilizador hay que actuar con precaución en estos casos. Eso nos da una idea de la precaria situación médica que presentan ese tipo de individuos.

La hiperventilación hace acto de presencia y el volumen de la voz se va incrementando al mismo tiempo que el discurso hostil se hace repetitivo.

La muerte se suele producir minutos o horas después de la actuación. Cuando el individuo está esposado y los agentes tomando aliento. Por ese motivo, en estos casos de emergencia medico/policial, hay que ir a por nota profesional.

Para finalizar, este nuevo reto profesional requiere que dejemos negro sobre blanco dos acciones preventivas básicas en este tipo de servicios:

Primera: Formación a las fuerzas de seguridad que deberán aprender también, sí también, a valorar la presencia de un sujeto con síntomas de padecer Delirium Agitado. Eso hará que se gestione apropiadamente la actuación policial de esta emergencia sanitaria y dar el correspondiente aviso para que se persone la atención médica.

Segunda: Establecer un Procedimiento de Actuación (con mayúsculas) en el que consten las acciones llevadas a cabo: desde una primera contención verbal (que ya adelanto que tiene pocas posibilidades) a las posteriores. La principal será la contención mecánica, donde, entre otros, conste un número adecuado de policías intervinientes y una técnica apropiada de abordaje de estos sujetos. Por último, la colocación de los grilletes por la parte delantera y sentado, con la finalidad de no interferir en su respiración.

Todo lo anterior llevará a que los profesionales médicos puedan actuar después de la actuación policial.

Gracias por leerme y, como ven, cada día hay nuevos retos profesionales en el mundo de la seguridad que precisan de más formación e información.

 

 

Rafael Castro Torres

Licenciado en Criminología

Secretario PRL de AUGC Málaga.

Port de Tarragona