La frontera de Melilla, la proporcionalidad y mi amigo José

Voy a ser valiente escribiendo. Sé que a muchos no les gustará, porque somos un país de blancos y negros, de izquierdas y derechas, de a favor o en contra. Es lo que hay. Los que trabajamos diariamente con noticias relacionadas con policías, por lo menos yo, nos pasamos el día valorando hacia qué lado ir cuando hablamos de la actuación de las fuerzas de seguridad. A las policías les pasará lo mismo cuando lean la prensa.

A las 11 de la mañana ves un video de una deportación en un avión y te indignas cuando ves a una policía golpeando a un dominicano. Te preguntas… Si ya está esposado y reducido, y tumbado ¿Es necesario seguir golpeándole?

Media hora después te enteras de la muerte de un sargento en Gavà cuya actuación hace que se te caigan las lágrimas. Es también policía, como los que has visto hace unos minutos. Ese hombre entregó la vida por los ciudadanos y ha muerto a manos de uno de ellos. ¡Bravo!

Acabas el día viendo patadas en la cabeza a un venezolano en el suelo de una autopista de Caracas. Y vuelves a cuestionarte sobre las fuerzas del orden, en este caso, perdón, hablando globalmente, no ya de nuestro país.

Tengo muchos amigos policías. Algunos desde que salíamos juntos de adolescentes a principios de los ochenta, cuando teníamos nuestras primeras novias y comenzábamos a fumar. Mi amigo José quería ser Policía y desprendía esa ilusión que tienen los opositores. Seguro que conocéis esos ojos brillantes. A mí, más tranquilete y como se dice ahora “buenista”, eso me extrañaba. Pero, lo consiguió el tío. El destino quiso que yo fuese periodista de sucesos y coincidiésemos alguna vez de nuevo, él como policía y yo como reportero. Hace tres meses me emocioné volviéndole a encontrar, ya como inspector jefe, siendo condecorado el día del Patrón del CNP. Creo que buena gente como mi amigo Jose hay a miles en el CNP o en la GC o en los Mossos. Por eso me resisto a creer las críticas, en muchas ocasiones, gratuitas. La de una periodista de La Sexta ha sido la última que he oído.

Volvamos al tema principal. Como ven, es complicado posicionarse sobre cómo actúa la policía en el mundo. Los que vemos caer al suelo en Estados Unidos, en los videos que ahora están tan de moda en los telediarios, te hacen ver que en el país más desarrollado del mundo se pasan por el arco del triunfo la proporcionalidad.

Pero qué caray es eso de la proporcionalidad. Los que no hemos pasado por ninguna academia policial. ¿Qué debemos entender por proporcionalidad? Quizás soy muy infantil: si el agresor lleva un cuchillo ¿Hay que atacarle con un cuchillo? Si el agresor lleva un arma corta ¿Sólo se puede utilizar el arma corta? Y si el agresor lleva un arma larga… ah, bueno, es que no tenemos armas largas por falta de presupuesto.

Si hablamos de peligro. La proporcionalidad ¿Quién debe valorarla? Si debe hacerlo el policía ante un ataque de un hombre armado… ¿El agresor? ¿Qué? ¿Hacemos reglas de tres o acabamos con el problema? Un hombre exaltado, amenazando, gritando consignas que todos ya sabemos y con un cuchillo en la mano. ¿Cuántos acuchillados hubo en Londres hace dos meses? ¡Qué poca memoria tenemos!

He visto la felicitación del ministro Zoido por la actuación en la frontera de Melilla. El CNP me envió el vídeo a los pocos minutos. Lo vi y me pareció un singular sistema para anular la voluntad del individuo armado. Un sistema inusual, pero… se neutralizó. No vi patadas, ni golpes, ni disparos. Un agente consideró que había que derribarle de la manera más efectiva y que menos peligro tuviese para su integridad y la de sus compañeros. Y aquí me paro para explicarles un truco para entenderme mejor, que les fascinará, y le hará quitarse manías de la cabeza.

Imaginen que esos policías a los que atacaron al hombre con el cuchillo son su hermano, su novia, su mujer, o su hermana, su padre, su mejor amigo o, en mi caso, José –mi amiguete-. ¿Verdad que ya ha cambiado la película? Ah, es que yo por mi padre ¡mato!… a mi hermana que ni la toquen… el que se meta con mi amigo se mete conmigo…

Volvamos a ver la escena desde ese punto de vista. ¿Verdad que había que derribarle? ¿Por qué tenemos que ver a quien recibió el golpe con la valla como la víctima, si la víctima fue el policía con un corte en la mano? ¿Por qué estamos a favor del fugitivo en las pelis? ¿Por qué nos fascina que un preso se evada? Deberíamos revisar nuestros patrones sociales e incluso de ficción. El malo es el malo y el bueno es el bueno. Simple, sí, pero para algunos no es así. “¡Oiga! Es que allí había un montón de policías”. Bien, poco voy a escribir sobre esto. Lo mejor es que lo vea usted mismo. Me he permitido coger la referencia de un video que vi esta mañana en un foro policial. Gracias por la idea. Lo ven y después hablamos de eso. Son imágenes impactantes, si es sensible mejor que lo evite y siga leyendo.

El corporativismo es algo negativo. No tenemos que justificar las malas prácticas ni en el periodismo ni en las fuerzas del orden. Por eso, discrepo de la opinión de mi compañera de la Sexta afirmando que fue inapropiada la actuación. Otra cosa es que a ese hombre armado le hubiesen cosido a balazos nada más aparecer por la puerta. O que le hubiesen pateado la cabeza. O que le hubiesen dado golpes una vez esposado.

El policía que levantó la “New Jersey” de PVC tuvo una buena idea, que fue derribar al agresor. Problema solucionado. Ahora, como siempre, a ver cuánto tarda en estar en la calle de nuevo con un cuchillo. Porque el “sistema” judicial también requeriría un “repasito”. No, verá, es que lo mejor hubiese sido conminarle a tirar el arma y detenerle. Sí, claro, pero otro día ya les hablaré de las películas de Disney.

Moisés Peñalver

Periodista y criminalista

Port de Tarragona