Serrallo, la cara oculta

Cristina Saez de Juan
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En el Serrallo sufrimos incivismo e inseguridad y esto representa claramente un problema para los vecinos, pero sobre todo es un síntoma. Un síntoma de que las cosas no se están haciendo bien. Y seguramente es una situación que probablemente sea increíble e incluso imperceptible para los visitantes de fin de semana. De puertas a fuera tenemos un excelente paseo que hace las delicias de los turistas, pero sólo eso: para los turistas.

¿Qué síntomas tiene nuestro barrio ya enfermo? La lista es cuanto menos inquietante: Okupas, hurtos, bronca, perros incontrolados, pisos vacíos, edificios abandonados, no hay tejido comercial puertas adentro, palomas, droga, cableado por las fachadas, la vía del tren… Un cóctel explosivo que hace que necesitemos que se pongan en marcha algunas medidas. Estamos hablando de la degradación de un bello barrio pesquero con años de historia, con historia viva, gente auténtica por la que merece la pena luchar.

Si hablamos de los okupas diré que no los habría si no hubiese pisos vacíos, y los pisos vacíos por norma general son propiedad de los bancos. Sobre este tema, lo realmente preocupante es pensar en cuántos desahucios ha habido que nos han pasado desapercibidos, es decir, que no han salido a la luz pública. En cualquier caso, evitar que los pisos se vacíen sería una manera de prevenir escenarios tan desagradables cómo el que vivimos. Se habla de implementar un gravamen a estos pisos, medida que en cierta medida podría ayudar a esta situación.

¡Perros! No hablamos de simpáticos perritos que hacen las delicias de los críos, no. Hablamos de perros encerrados en pisos, peleas, mierda en la calle, viviendo en pequeños balcones. En resumen, perros maltratados a veces y viviendo en un entorno poco salubre.

Me he pasado el verano viendo a un pobre perro en un balcón, sin agua, viviendo entre sus heces y les aseguro que no es la mejor imagen para el desayuno, ni para los transeúntes que pasaban por debajo. Suerte de los vecinos que intervinieron varias veces ante semejante estampa.
Y vuelvo, sin quererlo se lo aseguro, al primer artículo que escribí para este medio. Hablaba de la teoría de las ventanas rotas y la tolerancia cero. En él explicaba la teoría que dice: “Si en un edificio aparece una ventana rota, y no se arregla pronto, inmediatamente el resto de las ventanas acaban rotas, porque se está transmitiendo un mensaje de abandono”. Y ciertamente el abandono es uno de los temas centrales en la problemática actual del barrio, y pasto para la delincuencia.

A mí personalmente me gusta soñar con un barrio mejor. Un barrio que no esté infestado de coches, donde podamos pasear por sus cuidadas calles con árboles o plantas. Las calles con arbolado son, en general, calles más bonitas, y ello, sin duda, aumenta las ganas de pasear y fomenta de alguna manera la relación entre sus habitantes. Que esta actividad que se produjera en las calles, sería la mejor arma en relación a su seguridad. Sueño calles con comercios para hacer los recados diarios y poder parar y hablar con algún vecino. Sueño un barrio donde no tengas la sensación de caminar por callejones con dudosa salida.

Sinceramente creo que acciones como peatonalizar las calles, soterrar el cableado, iluminar bien y solucionar el tema del aparcamiento de los coches de los residentes podría ayudar a revitalizar las plantas bajas, ahora vacías en su mayor parte o okupadas. Es necesario un tejido comercial y cultural puertas adentro que ayude a fortalecer el tocado tejido social de nuestro barrio.

El Serrallo es un pequeño barrio que ha quedado muy encorsetado por el Paseo Marítimo delante, la vía del tren detrás, el puerto y el Francolí a derecha e izquierda. Soy de la opinión de que su regeneración está en conseguir algo de espacio para su tejido social puertas adentro, e imagino espacios sin coches, que ya somos muchos. Contamos con una basta cultura popular, gastronomía y atractivo para el resto de la ciudad. Es un potencial maravilloso que hay que poner en valor y que forma parte del ADN de Tarragona.

No quiero acabar sin decir que recientemente el diputado del PSC por Tarragona, Carles Castillo, ha pedido al nuevo Gobierno de la Generalitat (que aún se ha de formar) que reactive la Ley de Barrios, que se impulsó durante los años de Gobierno de progreso, y que tantos efectos positivos generó en los comarcas del Camp de Tarragona. Es una noticia excelente que inexorablemente tendríamos que notar en las calles de este bonito y enfermo barrio: nuestro Serrallo.

Port de Tarragona