Esta es la Policía que me gusta

Moisés Peñalver
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Esta historia policial no va de detenciones, multas, enfrentamientos o armas. Tampoco de referéndums, ni banderas, ni grandes operaciones que llevan nombre. La historia de hoy va de la Policía, la verdadera, la del funcionario que tiene la voluntad de ayudar a los ciudadanos, a los que se debe. Ya nos entendemos. Un grupito de agentes de Mossos d’Esquadra de Tortosa ha demostrado que tiene eso que a los ciudadanos tanto nos gusta: espíritu de protección. Esta introducción que parece extraída de una película americana de marines sobre el honor (que no la gloria), la entenderán enseguida cuando conozcan el caso que les explicaré.

Resulta que el 3 de marzo una pareja de ancianos suizos que viajaban por la autopista AP-7 en dirección a Estepona, en Málaga, perdió todos sus efectos y documentación a manos de dos desconsiderados. Fue mientras descansaban sobre el césped en un área de servicio en el sur de Tarragona. Los pobres, picaron con el truco de la rueda pinchada, eso en lo que se especializó un grupito de delincuentes peruanos hace unos años. Así que, alertados por un individuo, que les informaba sobre la rueda deshinchada, los viajeros decidieron ir a comprobar el pinchazo. Ese momento fue aprovechado por los desaprensivos, que aprovecharon el interés por la rueda para robar de dentro del coche todas sus pertenencias.

Las víctimas, Pamela y Erik, denunciaron en Tortosa los hechos en una situación de precariedad absoluta, ya que no disponían de documentación, dinero o tarjetas de crédito. Así que esta pareja, de 77 y 84 años se encontraba en un país que no era el suyo, con un idioma que no era el suyo, un día festivo y sin «un duro» ni para gasolina. Los ancianos estaban nerviosos y afectados por lo sucedido.

La fría burocracia de los despachos, los formularios y el código penal se transformó en Tortosa en algo muy diferente gracias a los policías de aquella pequeña comisaría del sur de Tarragona. En aquellos momentos había seis agentes allía: Letícia, Josep Miquel, Mercè, Josep T., Víctor y Josep D. Supongo que debieron pensar que aquel matrimonio cariacontecido podría ser sus abuelos, o sus padres. Así, que sin dudarlo, sacaron sus carteras y cada uno aportó la cantidad que podía y se la entregaron a los dos ancianos para que pudiesen llegar a su destino, a mil kilómetros de distancia. Eso no salió de fondos reservados, ni de presupuestos generales del Estado, ni de la Generalitat, ni estaba Zoido, ni Montoro, ni Trapero por en medio… salió del café, el bocata, la compra del Mercadona o de la gasolina para el coche de cada uno de ellos. Así que nadie se preocupe.

Días después, los Jensen -que así se llamaba la familia- les envió el dinero desde Málaga. Eran 285 euros, una cantidad modesta, pero que a mi me ha parecido un millón de euros.

Para los que tengan la «piel fina», en estos momentos que vivimos por aquí… Diré que para este modesto periodista de sucesos un Policía, con mayúsculas, lo es desde el Guardia Urbano de la localidad más pequeña del país, hasta el creador de los GEOS, al que conozco. Sean del color que sean, azules o verdes, mientras actúen con honestidad y con la misión de ayudar a los que protegen. Los otros, no me interesan. Este grupito de Tortosa es para mí un ejemplo, y debería serlo para cualquier policía, sea del color que sea.

 

 

 

 

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