Gracias, Noa

Foto: perrosdebusqueda.es
Moisés Peñalver
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Polvo, sudor y lágrimas. Los rescatadores alzan el puño para que la muchedumbre que les rodean guarde un inmediato silencio. Hay que oír bajo los escombros algún lamento, sollozo o grito apagado. Un instante después, el rescatador vuelve a levantar el brazo con un dedo extendido, todos saben que hay que continuar la búsqueda. Lo vimos ayer en Burgos y también en Génova hace pocas semanas. Mientras el escenario dantesco de un edificio desplomado hace temer lo peor, un perrito de rescate está enfrascado en su juego particular, el que le han enseñado, quizás sin saber que es el más importante de todo ese enjambre de bomberos, policías, excavadoras y ambulancias. Todos siguen con la mirada el hocico del animal, hasta que se detiene ante una mano en un hueco oculto bajo toneladas de ladrillos y hormigón. Un grupo de bomberos corre a liberar al herido, consciente, y lo traslada hacia una ambulancia.
El perrito quizás sepa de su hazaña, o quizás no, pero sabe que ha hecho algo bien, algo que alegra a los que le rodean y se siente feliz. Quizás, sólo quizás, a quien pertenecía aquella mano, tras semanas en el hospital, se pase por la central de Bomberos o el servicio de ambulancias para agradecer su rescate. Aunque no caerá en la cuenta de que su vida dependió de ese animalito de hocico de oro que jugaba a un juego que se llama salvar vidas, o encontrar personas que desgraciadamente no volverán con su familia.
Pocas veces el perro de rescate sigue la misma suerte que la persona a la que buscaba. Pero eso sucedió el pasado 29 de agosto en Tavertet, una localidad de la comarca barcelonesa de Osona, donde había desaparecido una mujer. El equipo IPA K9 Rescue Penedès-Garraf acudió a la zona para rastrear con su perrita Noa la presencia de Dolors Aumatell, una vecina de 70 años desaparecida. Àngel Valencia, el guía de Noa, seguía sus evoluciones.
En un momento de la búsqueda, la perra cayó por un barranco de ochenta metros y murió. Horas después en el fondo de un acantilado se halló el cuerpo de Dolors. Tavertet será un nombre que quedará en el recuerdo por los dos sucesos. Cierto es que la pérdida de una vida humana eclipsa totalmente la de un animal, pero creo que, en su correcta dimensión, ambas son lamentables. Y para los que trabajaron con Noa, seguro que el sentimiento es el mismo.
Antes que Noa, habían muerto Pretto, en 2008, salvando la vida de dos agentes de TEDAX, al detectar explosivos en un artefacto colocado ante el Instituto Italiano de Cultura de Barcelona. La aproximación del can coincidió con el estallido de la bomba casera que le lanzó a varios metros del lugar y su guía sufrió heridas leves, ya que se mantenía a una cierta distancia mientras el perro olía el artefacto. Hubiese sido una muerte segura para él de no haber sido por Pretto.
En 1990 fue Irrintzi, un pastor alemán que murió de la misma forma al acercarse a un coche bomba en Navarra, salvando la vida de los agentes que iban a inspeccionarlo posteriormente.
Ambos perros entregaron su vida para salvar a de los humanos. Quizás nunca agradeceremos lo suficiente a Pretto, Irrintzi o Noa su labor, muchas veces anónima. Seguro que fueron muchos más los “caídos” en servicio desde 1948, año en que la Guardia Civil comenzó a utilizar perros en sus servicios.
Los perros tienen una capacidad olfativa 700 veces mayor que la de los humanos y no hay ni ser ni artefacto electrónico capaz de superarle. Pero lo que sí es seguro es que el cariño que estos peludos transmiten a sus propietarios y guías jamás podrá ser superado por ninguna máquina… y quizás por ningún humano. La fidelidad y efectividad de estos canes es digna de elogio. Sólo hay que ver la noticia de Max, el perrito sordo y ciego que que se mantuvo toda una noche junto a una niña de tres años perdida. O un “callejero” sin dueño que cuidó de un anciano que sufría alzheimer, dándole calor y compañía en las horas que pasó perdido en el campo en Burriana dos días después de morir Noa.
Hoy he visto por Facebook y Twitter que hablaban de la simpática Noa y he querido hacerle este homenaje. A partir de hoy, siempre que escribamos una noticia de rescate intentaré que Bomberos o Guardia Civil informen también del nombre de estos ángeles de cuatro patas que salvan a personas. Por todo esto, como ciudadano le doy las gracias a Noa.

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