Historia de un bufete: Despacho Zapater-Perea-Cruz, una “llar” jurídica en Tarragona

A la izquierda, Manuela Perea, en el centro Paco Zapater, y a la derecha África Cruz.

Iniciamos aquí una serie de artículos que pretenden dar a conocer y poner cara a los abogados que ejercen en Cataluña en la actualidad. La ‘historia de un bufete’ intentará, con un lenguaje coloquial y desenfadado, llevar a los lectores un mundo interpretado por la ciudadanía como encorsetado y frío.

El despacho de Paco Zapater, en Tarragona, es nuestra primera parada. Esperamos que sea una iniciativa que, además de informar y entretener, también sirva como agenda a la hora de “elegir” letrado. Alejar de este bonito mundo de la abogacía el “low cost” de las grandes y frías “cadenas” comerciales de la defensa es otra de nuestras pretensiones. Esperamos que les guste.


Fundador: Francisco Zapater Esteban
Año: 1980
Ubicación: Rambla Nova, 125 – Tarragona – Teléfono 977 21 26 58
Componentes actuales del despacho: Paco Zapater, Manuela Perea y África Cruz.
Especialidades: Penal, Matrimonial, Civil, Laboral y Extranjería.


Estábamos tentados a titular “la Santísima Trinidad” a este artículo que habla de Paco Zapater, Manuela Perea y África Cruz, los tres componentes de este veterano bufete tarraconense. En el fondo, hay una cierta similitud con ese dogma religioso, aunque, por muy querido que sea en la ciudad, Zapater aún no es Dios.

Este cóctel perfecto de letrados está compuesto por diferentes caracteres, edades, experiencias y especialidades, lo que para el fundador es una fórmula ideal. “Mi experiencia es que de tres a cinco abogados es una dimensión perfecta para un despacho”, dice certero. Evidentemente, con un reparto hábil y selectivo de las áreas, que permita la cobertura de la totalidad del abanico de causas que se generen en sus clientes. Pero, vayamos por partes.

¿Quién es Paco Zapater?

Francisco Zapater Esteban es conocido en Tarragona no tan sólo por su faceta como abogado, sino que también lo es por su actividad en la política municipal, como concejal de Relaciones Ciudadanas. Fue Sindic de Greuges de la URV desde 2004 al 2009, además de haber ejercido la docencia en Derecho. A su carácter apacible, mediador y reflexivo se le ha unido el amor por la ciudad de Tarragona. Todo eso, unido a su calidad personal, le hacen ser un hombre estimado, como se refleja en los muchos ciudadanos que han recurrido a su bufete para solventar problemas de todo tipo.

Nacido en la población de Chelva, en Valencia, una injusticia sufrida en su familia en los años sesenta le hizo decidirse a ser un defensor de las causas justas. Su hermano, conductor de autocar, fue acusado de provocar el derrame de una garrafa de aceite que manchó la maleta de un sargento de la Guardia Civil. Toda la familia tuvo que recurrir a sus ahorros para pagar a aquel hombre 500 pesetas de las de entonces bajo la amenaza de encarcelar a mayor de los Zapater. Aquello fue el germen que fue creciendo en la vocación de aquel adolescente, ahora convertido en abogado.

En 1972 vino a trabajar al juzgado número 1 de Tarragona, donde trabajó como oficial de justicia. Una vez acabada la carrera, en 1979 se planteó su futuro. Él tenía vocación de juez, y le hubiese gustado seguir la carrera judicial –los que le conocen dicen que su carácter es más de magistrado que de abogado–. Pero la magistratura tenía un inconveniente: el rodar por ciudades de toda España en los primeros destinos, hasta conseguir con el tiempo llegar a donde pretendiese.

En aquel año que llegó a Tarragona conoció a Núria, una chica de Organyà, con una infancia vinculada a Ulldecona. De ella se enamoró y contrajo matrimonio posteriormente. Él no quería separarse de ella durante el noviazgo, por lo que aceptar destinos lejanos no era plato de su gusto. Así fue como, una vez licenciado, en 1979, decidió abrir el despacho.

El 3 de diciembre de 1980 Paco Zapater comenzó su carrera de abogado. Sus primeros compañeros, también dos, como ahora, dejaron el despacho. Uno siguió la carrera judicial y el otro se trasladó a Andalucía. Desde entonces, se han sucedido los profesionales con los que ha compartido despacho. Aquel pequeño bufete de la calle Reding se convirtió tres años después, en un bonito y alto piso de la por entonces avenida Conde Vallellano, convertida actualmente en Rambla Nova.

Podríamos aventurarnos a asegurar que pocos entienden tanto de Derecho Penal, la especialidad jurídica de Paco y a la que tiene más cariño. Diríamos en modo jocoso que el Código Penal es para él como la Biblia para un obispo. Y lo ha demostrado en los miles de casos que ha llevado entre sus manos en los últimos 37 años.

La filosofía del despacho
Los clientes que han visitado profesionalmente el bufete Zapater-Perea-Cruz destacan el trato humano, cordial y el lugar donde el apoyo psicológico ante el litigio tiene igual peso que el asesoramiento jurídico. En casa de Zapater lo saben bien: “Queremos que el cliente se sienta arropado y seguro en los momentos de zozobra que todo problema jurídico suele comportar”.

Es más, añadiríamos por experiencia propia, que desactivar un conflicto y no iniciar un caso es gratificante para estos tres abogados. Y es que la auténtica vocación del jurista no consiste en añadir un problema económico al conflicto que vive quien llama a la puerta de este bufete. Lo es ayudar en el más amplio concepto de la palabra y para ello, también se contempla evitar el coste personal y económico del cliente. Algo difícil de comprender para los que no estamos en el mundo de la abogacía y que confiere una nueva dimensión a este despacho. Zapater llama a su despacho una “tienda especializada” en la solución de problemas, una “llar” jurídica donde los miembros que componen el despacho tratan de realizarse profesional y personalmente, además de cumplir una función social.

Manuela Perea

Manoli, como la llaman los más allegados, llegó al despacho en febrero de 2004 como estudiante en prácticas. En la escuela de Práctica Jurídica tuvo a Paco Zapater como profesor. Comparte con él el amor por el Derecho Penal y tuvo la gran suerte, dice, de que “me tocase” hacer las prácticas en ese despacho.

La especial sintonía entre el que fuese profesor y la entonces alumna, hizo que ambos decidiesen que emprendiese su carrera profesional en el despacho. Esa química ha continuado durante los 13 años que lleva junto a Zapater, al que nos atreveríamos a decir que ve como un referente. Manoli vive con pasión la profesión y ya hay quien ve en ella un futuro prometedor por su fuerza e implicación en los litigios. Comparte algo del hermano de Paco, la de chófer, porque es habitual verla conducir de Vendrell a Tortosa o de Valls a Reus. Ya se oye en algunos foros su efectividad en casos penales. Sufre con resignación las penalidades del Turno de Oficio, pero, como diría Confucio: “Si trabajas en lo que te gusta, no trabajarás ni un día de tu vida”. Precisamente su capacidad de trabajo, incansable, es una virtud y un defecto de esta joven abogada.

Astuta, observadora y hábil ave de presa que no dejará escapar algún detalle que pueda apreciarse para su defensa y lo hará suyo si le parece bueno. La frase de Paco lo dice todo: “La veo abogada hasta la muerte”.

África Cruz
Es la tercera pata del taburete de letrados que comparten el origen de familias humildes que estudiaron la carrera con su propio esfuerzo, como le gusta decir a Paco de su equipo. Coincidió con Manuela Perea en la Escuela de Práctica Jurídica y se hicieron amigas. África había comenzado en otro despacho, donde ya ejercía como letrada, antes de llegar a casa Zapater. “Aquí encontré a Manuela, algo más que una amiga. Y a Paco, que es como un padre para mí, por su apoyo y la manera de tratarme”.
África es impulsiva, rápida y pasional. “Yo necesitaba seguridad y una línea de ética a seguir. Para mí, este despacho fue una resolución de dudas, ya que tengo el apoyo de dos compañeros con los que intercambiar opiniones. Para mí es importante contar con eso”.

Dice Paco que África redacta muy bien, “una herramienta importante para la abogacía”. África asume la parte de Laboral, Administrativo y Extranjería, un sector hacia el que siempre demostró una especial sensibilidad. Sus hijos son ahora la ilusión que comparte con la abogacía, no sabemos en qué porcentaje. Nos sorprende que Manoli hable de ella como “un poco hippy”, haciendo referencia a su pasión por las causas sociales, humanas, de ayuda al débil y al necesitado. Eso ya se le veía cuando era estudiante.

El “careo”

Para evitar caer en la complacencia, los halagos y el cursilísimo, hemos decidido ponerles cara a cara para que se digan lo que piensan el uno del otro en un juego que pretendíamos perverso, pero no ha sido así. Ellos ejercen la sinceridad y, por tanto, no tienen inconveniente en decirse lo bueno y lo menos bueno en un “careo” simulado.

África valora de Paco su sabiduría y comprensión, “sabe de todo”. Manoli llama buena compañera a su amiga y valora su disposición, “lo que pasa es que, a diferencia de mí, ella debe conciliar el tiempo con sus hijos”.

África se agobia en exceso y el abogado tiene que tener temple para poderse trabar los sapos que te llegan cada semana, dicen Paco de África. De Manoli cree que debería moderar el tiempo que trabaja, “trabaja en exceso. El uso del trabajo es bueno y el abuso del trabajo es malo”, sentencia. Valora mucho su actitud y su responsabilidad profesional. Es difícil que encuentren defectos en el fundador del despacho, pero haciendo un esfuerzo Manuela Perea se lanza a criticar que pese a su edad –Francisco tiene 70 años- trabaja demasiado.

Lo que está claro es que nada funcionaría allí sin la fiel y eficaz labor de Montse Jordà, secretaria del despacho desde 1983. Es imposible para los clientes no relacionar el despacho con la voz cordial de Montse al teléfono. Pareciese que hubiese sido ella misma la que construyó aquellas paredes, porque el despacho Zapater-Perea-Cruz es impensable sin su labor.

Bien, dejémosles halagándose entre ellos. Nosotros nos vamos a otro bufete a intentar sacar los trapos sucios.