22 detenidos en Tarragona y Barcelona en una organización criminal que fabricaba y comercializaba cajetillas de tabaco ilegales

La Policía Nacional, en una operación conjunta con la Agencia Tributaria y el Ministerio del Interior de Bulgaria, han desarticulado en Cataluña una organización criminal internacional de origen búlgaro que se había especializado en la fabricación ilícita de cigarrillos y en su posterior distribución por diferentes países de la Unión Europea. La operación ha permitido la detención de 22 personas en Tarragona y Barcelona – 15 de ellas de  nacionalidad ucraniana, dos de nacionalidad búlgara, tres españoles, un moldavo y un marroquí-. En la operación se han registrado nueve inmuebles, todos ellos en Cataluña.

Las investigaciones comenzaron en junio de 2017 cuando los investigadores
tuvieron conocimiento de la existencia de un grupo de delincuencia procedente
de Bulgaria, organizado para cometer actividades presuntamente delictivas y
constitutivas de delitos de contrabando, contra la propiedad intelectual, blanqueo
de capitales, pertenencia a organización criminal y contra la Hacienda Pública.
Las informaciones recibidas indicaban que miembros de la organización se
desplazarían desde Bulgaria hasta España con la finalidad de establecer
diversas fábricas de elaboración de tabaco ilegal y crear una red de distribución
de este producto a nivel nacional e internacional. Transportaban desde Bulgaria
el tabaco a granel, sin pasar los pertinentes controles aduaneros, y utilizaban
naves instaladas en España para el almacenaje de picadura de tabaco y para el
montaje de fábricas dedicadas a su transformación en cigarrillos.

Posteriormente, los distribuían por países de la Unión Europea, principalmente
Alemania, Reino Unido y España. Tanto la materia prima como la maquinaria
necesaria para el montaje de estas fábricas fueron desplazadas desde Bulgaria
hasta España por vía terrestre o marítima. El beneficio económico obtenido de
esta actividad ilícita era blanqueado a través de un entramado de empresas
instrumentales. También emplearon tarjetas de crédito para cometer fraude en
distintos establecimientos.

Más de 200 personas trabajaban para el líder de la organización

A raíz de esta información inicial, se inició una investigación conjunta que
determinó cómo la organización criminal disponía en España de tres naves
industriales. Dos de ellas se encontraban en la localidad barcelonesa de San
Quirico del Vallés y eran empleadas como almacenes, mientras que la tercera
se situaba en Constantí, en la provincia de Tarragona. Esta última albergaba la
fábrica ilícita de cigarrillos y en ella se trabajaba por campañas de escasos
meses, lo que dificultó su localización.

Durante los dos años que duró la investigación, los agentes comprobaron que el
líder del grupo desarticulado estaba perfectamente asentado en España y había
desarrollado una red de negocios legales en los que amparaba su actividad
criminal. Esta persona, unida a otras de su confianza entre los que se
encontraban un español y un moldavo, había tejido una red de empresas
dedicadas a la construcción de viviendas, al transporte por carretera de todo tipo
de mercancías y a la compra de empresas en el extranjero. Esta persona
contaba con más de 200 trabajadores dedicados a la construcción de viviendas
de lujo tanto en España como en Bulgaria y con camioneros de empresas
nacionales e internacionales de logística.

Además, el líder de la organización había adquirido una empresa de transporte
por carretera en Mali y mantenía negociaciones con ciudadanos sudafricanos, lo
que pone de manifiesto el especial interés en invertir parte de sus ganancias en
África.

Al mantener una actividad legal tan amplia, los investigadores se vieron
obligados a realizar un trabajo minucioso para descifrar qué parte de la actividad
de la organización era legal y qué parte no lo era. Como ejemplo de ello, la
organización utilizaba los camiones de fruta dirigidos a Sevilla para transportar
cargamentos de tabaco con destino a la provincia andaluza.

La organización empleaba comunicaciones cifradas a través de aplicaciones
específicas para dispositivos móviles y, en sus desplazamientos, usaban
potentes inhibidores que eran capaces de “barrer” hasta 16 frecuencias distintas,
lo que denota la alta especialización del grupo.

9 registros y dos centros desmantelados

Una vez que los agentes desentramaron la actividad ilícita de la legal, se
planificó un dispositivo coordinado para proceder a la detención de los miembros
de esta organización criminal.
El operativo, que se tradujo en 9 entradas y registros con mandamiento judicial,
permitió la detención de 22 personas, el desmantelamiento de dos centros
destinados a la fabricación clandestina de cajetillas de 13 marcas diferentes de
tabaco y la incautación de abundante material para la fabricación de los
cigarrillos, además de cajetillas, tabaco ya elaborado, tabaco picado, coches de
alta gama, dinero en efectivo y abundante documentación.

En el momento del registro de la fábrica clandestina, se encontraban trabajando
en su interior 14 ciudadanos ucranianos y uno procedente de Moldavia. Además,
ejercía de encargado o controlador un ciudadano búlgaro. Mientras, en Sabadell
(Barcelona), Galicia y Sevilla fueron detenidos tres camioneros que realizaban
habitualmente las labores de distribución del producto final. Un camión fue
intervenido en Mercasevilla con 437.500 cajetillas de tabaco de tres marcas
distintas.

La nave destinada a fábrica clandestina tenía en su interior otra estructura
construida con el fin de insonorizar el ruido de las máquinas. Además, se
encontraba acondicionada con zona de vivienda de los trabajadores, compuesta
por habitáculos para la estancia (camas, aseos, duchas) y una zona común con
cocina. Por otro lado, el controlador o capataz búlgaro se situaba en el exterior
de esta estructura interna, con un habitáculo diferenciado y utilizado solamente
por él.

La fábrica contaba con maquinaria para lo que se conoce como “fase primaria”
(mezcla del tabaco que va en los cigarrillos según las marcas) y “fase
secundaria” (transformación del tabaco picado y mezclado en cigarrillos,
después en cajetillas y, finalmente, en cartones de 10 cajetillas). Se halló una
segunda nave con maquinaria auxiliar para el tratamiento de la picadura y
abundante material para embasar tabaco destinado a fumar en cachimbas.
Las naves estaban completamente cerradas como medida de seguridad
Durante la campaña, los trabajadores vivían en el interior de las naves en total
clandestinidad, con las puertas cerradas de la estructura interna y sin ventanas.
De esta manera, los trabajadores no se podían comunicar con el exterior.
Incluso, les habían retirado los teléfonos móviles y algunos de ellos afirmaron
que desconocían el país en el que se encontraban. Todo ello forma parte de las
medidas de seguridad adoptadas por la organización criminal. Estas personas
se encontraban en situación de estancia en territorio nacional y, por lo tanto, no
estaban habilitadas para trabajar. Habían sido introducidos en España por
carretera tras llegar a espacio de la Unión Europea en vuelos procedentes de
Ucrania.

La capacidad de producción era tan importante que se falsificaban 13 marcas
distintas de cigarrillos con leyendas en castellano e inglés. También se
falsificaba tabaco de pipa de agua o shisha de una prestigiosa marca árabe.
Consultadas fuentes del sector durante la operación, confirmaron que nunca
antes se había desmantelado una fábrica clandestina que falsificase productos
tabacaleros de tal cantidad de marcas. Se trata de algo extraordinario e inaudito
hasta la fecha en territorio español.

En un día, la fábrica era capaz de manufacturar cajetillas suficientes para
completar la carga de un camión como el intervenido en Sevilla, que
transportaba un total de 437.500 cajetillas.
El tabaco intervenido tenía un valor de 6.586.401,65 euros, lo que supone un
fraude a la Hacienda Pública de 5.140.886,50 euros, a lo que hay que sumar al
valor de la maquinaria intervenida para la producción de los cigarrillos cuando se
proceda a la oportuna peritación.
La basura y los restos generados por el sistema de producción eran
almacenados en grandes cajas situadas en palés de la nave ubicada en la calle
Penedés de la localidad de San Quirico del Vallés (Barcelona). Probablemente,
se encontraban a la espera de su recogida y traslado a otra ubicación por uno
de los camiones que empleaba la organización. Dicha nave también era
empleada como almacén del material necesario para el empaquetado de tabaco,
tales como palés de cartonaje falsificado de varias marcas de tabaco y bobinas
de papel (blanco, plata y transparente).

Finalmente, el producto final era distribuido posteriormente mediante camiones
que realizaban trayectos a Galicia, Andalucía, Reino Unido y Alemania con
numerosas medidas de seguridad, llegando a realizar cambios de remolque en
zonas despobladas.

Port de Tarragona