Los psicólogos dicen que la infanticida de Gracia no tiene ninguna enfermedad mental a pesar de estar siempre «a la defensiva»

Una psicoanalista contratada por la defensa dice que tal vez padece neurosis derivada de problemas familiares, que tiene una edad emocional de cinco años y que no sabe decidir

Una vista de la sala de vistas en el momento en que declaraban los psicólogos forenses. / Pol Solà

ACN Barcelona .- Varios psicólogos y psiquiatras forenses han asegurado este miércoles que la chica que tiró su bebé recién nacido por un patio de luces en junio de 2018 en Barcelona no sufre ninguna enfermedad mental ni ningún problema que explique las supuestas lagunas de memoria que la acusada dice que sufre. De este modo, han desvirtuado buena parte de la explicación de la chica y su defensa, que alegaban que la chica no sabía que estaba embarazada y además no recordaba muchos episodios de aquellos meses, como el mismo parte solitario al baño de su casa. En cambio, una psicoanalista contratada por su familia sí ha dicho que la chica sufre una caracteropatia severa derivada de los problemas familiares y de la muerte de su abuela en diciembre de 2016 que a la vez tapa una neurosis. De hecho, ha llegado a decir que el bebé, para la madre, era un «objeto externo, extraño, peligroso, que se sacó de encima».
En la tercera sesión del juicio con jurado en la Audiencia de Barcelona se ha intentado dilucidar si la chica era consciente de sus actos cuando parió sola y tiró al bebé por la ventana. La fiscalía cree que sí era consciente, y se ha basado en los numerosos informes de los psicólogos y psiquiatras que atendieron a la chica apenas fue detenida y las semanas y meses posteriores. No detectaron que tomara drogas ni tuviera ninguna enfermedad mental.

Según los forenses del Hospital de Sant Pau y del Instituto de Medicina Legal que la trataron, la psicosis puntual o asintomática no existe y la chica tampoco presenta ningún trastorno que justifique las pérdidas de memoria. No obstante, sí han admitido que inicialmente presentaba una «nebulosa» mental y de memoria fruto del «choque emocional» del parto y la detención policial. El test de personalidad y de inteligencia dio valores normales.

Lo que sí notaron fue una actitud «formalmente colaboradora» pero en el fondo «evitativa y defensiva», dando «explicaciones poco profundas» porque no quería que nada la perjudicara, y con «apatía severa».

Estos rasgos del carácter coinciden con los que ha detectado una psicoanalista contratada por la familia y que ha tratado la chica desde entonces hasta ahora. Descartó la psicosis, pero sí ha diagnosticado que la chica tiene una caracteropatia severa que esconde una neurosis. Es decir, el hecho de que su abuela materna obligara a su madre a ponerle a la acusada el apellido de su ex marido, en vez del del padre biológico, y que la cuestión haya provocado discusiones familiares pero sin llegar al fondo del asunto, habrían hecho aflorar un carácter muy defensivo, obediente pero con poca iniciativa y con características emocionales de una niña de entre tres y cinco años. Este rasgo de su carácter ha marcado toda su personalidad de niña y adolescente y ha escondido una neurosis posterior por la muerte de su abuela materna, con quien estaba muy unida y que era su gran referente, y el embarazo, que asumir inconscientemente pero conscientemente el negaba.

La chica, según esta psicoanalista, no tiene sentimiento de culpa, pena o vergüenza por lo que hizo al bebé, sino un sentimiento de «culpa vieja por haber nacido y provocado un conflicto familiar».

Uno de los forenses sí explicó que la última regla la había tenido en septiembre de 2017, justo antes de quedarse embarazada, versión que contradiría la chica, que dijo el lunes que no lo recordaba, y también a su madre , que afirmó haber visto pérdidas de sangre durante todos esos meses.

La psicoanalista también ha desmentido la chica, ya que ha explicado que la acusada dijo al padre de la criatura que se había quedado embarazada. Cuando éste dijo que mentía, en vez de abortar, decidió negar la evidencia. Por ello, considera que no fue consciente del embarazo, salvo momentos puntuales de «lucidez». En el momento del parto, sintió como un «objeto externo, extraño y peligroso» le salía del cuerpo, y por eso se deshizo.

Los diversos forenses que han declarado anteriormente, explicaron que la niña nació viva y llena de salud, y murió aplastada en el suelo por la caída desde más de 22 metros. El cadáver todavía llevaba el cordón umbilical, pero no se encontró la placenta, que han explicado que pesa cerca de un kilo y se desprende de la madre a los diez minutos de haber parido. También han explicado que habitualmente las embarazadas engordan un mínimo de cinco kilos.

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