Los Mossos intervienen en once casos de sospecha de mutilación genital femenina a menores en 2019

Reconstrucción de clítoris en un quirófano del Hospital Clínic de Barcelona. / F. Àvia

Laura Fíguls .- Los Mossos intervinieron el año pasado ante la sospecha de que once niñas de entre 3 y 10 años, en algunos casos hermanas, pudieran viajar a los países de origen de las familias y sufrir una mutilación genital. Representa un descenso respecto al 2018, cuando los Mossos actuaron ante la sospecha de que 15 niñas pudieran ser mutiladas. En algunos casos, descartaron la sospecha y, en otros, confirmaron una situación de riesgo para las niñas. «Es un trabajo de fondo explicar a las madres y padres que conlleva una ablación y evitar que vuelva a pasar», afirma a la ACN Judith Avellaneda, del Grupo de Atención a la Víctima de los Mossos, con motivo del Día Internacional de Tolerancia cero con la Mutilación Genital Femenina, el 6 de febrero, este jueves.

Algunas de las once niñas no viajaron finalmente a los países de origen y las que sí lo hicieron volvieron sin haber sufrido ningún ablación en 2019. Cuando una niña vuelve, en caso de que los Mossos hayan intervenido previamente en el caso, se le practica una exploración pediátrica para confirmar que no haya sido mutilada. Sólo una de estas niñas aún no ha vuelto -no había fecha de regreso prevista-, pero los padres se habían comprometido a velar para que no sufriera ninguna mutilación.

Expertos calculan que unas 18.000 mujeres residentes en Cataluña podrían haber sufrido una mutilación genital femenina; una realidad compleja y silenciada. Avellaneda reconoce que «seguro que hay una cifra negra» de niñas que viajan al país de origen de la familia y sufren mutilaciones

Los Mossos intervienen ante la sospecha de que alguna familia pueda llevar la hija en el país de origen y que allí sufra una ablación. El aviso los suele llegar por un familiar; por los servicios sociales que trabajan con la familia o desde los centros de salud. Los policías abren una investigación, informan al juzgado y trabajan en red para prevenir la mutilación.

A veces terminan descartando que haya una situación de riesgo, pero si creen que la menor está en peligro, piden al juzgado que se decante por alguna medida de protección, como la retirada del pasaporte o la prohibición de salir del Estado. Avellaneda puntualiza que las familias tienen todo el derecho del mundo a viajar si no hay ningún riesgo para la niña.

Lo importante es que las familias vean las consecuencias de la mutilación genital femenina y que no tengan la intención de someter a él las hijas. A través de charlas, expertos médicos les explican las secuelas físicas y psicológicas de una ablación y los Mossos se encargan de exponer las consecuencias penales. En caso de que la hija fuera mutilada, la familia puede enfrentarse a la acusación de un delito de lesiones, con penas de prisión, y la retirada de la custodia.

«Cuando hablas con los padres y tienen toda la información de lo que van a sufrir las niñas, difícilmente se mantienen en esta tradición del país de origen. No solemos tener demasiados problemas», afirma. El 2019, todas las familias con las que trabajaron colaboraron.

Algunas familias tienen claro que no quieren que las hijas sufran una ablación pero temen que, al llegar al país de origen, sus parientes los presionen para que las mutilen. Las familias firman un documento con las consecuencias penales a que se exponen y se lo llevan. «Esto les va bien porque les sirve para hacer fuerza y ​​no tener problemas a nivel social», destaca Avellaneda.

Según los últimos datos del mapa de la mutilación genital femenina de la Fundación Wassu-UAB, en el Estado hay cerca de 70.000 mujeres que provienen de países donde se practica la MGF. De estas, 18.396 son menores de 14 años. Según datos de las Naciones Unidas, se calcula que hay entre 100 y 140 millones de niñas y mujeres mutiladas en el mundo.

La mutilación genital femenina (MGF) causa mucho dolor físico y psicológico, con secuelas ginecológicas que pueden persistir en el tiempo. La ablación impacta en la estabilidad emocional de las mujeres y sus relaciones afectivas y sexuales. También puede producir esterilidad e infertilidad; hemorragias graves, problemas urinarios e infecciones y puede conllevar complicaciones en el parto, como esguinces, fístulas y sufrimiento fetal y, incluso, la muerte de los recién nacidos y de las madres. La MGF perpetúa la desigualdad y discriminaciones de género.

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